Si soy un loco por vivir esta aventura, ¿qué son los que tienen sueños y no los cumplen?

martes, 6 de mayo de 2008

San Diego

Zaragoza 06/05/08

San Diego está al lado de la frontera mexicana, pero lejos de ser una ciudad de refugio para inmigrantes, resulta que es una ciudad preciosa, de hecho no se ven vagabundos ni policía, por lo que a priori incluiría el adjetivo de segura. Todo luce nuevo, y sin tener nada especialmente espectacular, todo es bonito y está cuidado al detalle. De las tres ciudades que he visitado en California es sin duda la más bonita y agradable. Fui después de visitar la fea y poco interesante Tijuana, que está a un paseo en tranvía, así que aún resaltó más lo bonito que es. Además está junto al mar y eso le aporta mucho, entre otras cosas la temperatura.

La 5ª Avd. está plagada de agradables restaurantes con terraza, que aunque lógicamente no son para mi presupuesto de mochilero, son relativamente baratos si los comparamos con los precios en España. A mí no es el rollo que me gusta, yo prefiero un bar cutre donde tomarme una cerveza y un pincho, pero al que le guste irse de restaurantes y vivir en una ciudad bonita, sin agobios y al lado del mar, que se vaya ya allí. La marcha no la he catado, pero los bares son un poco pijos, aunque aquí no pegaría un sitio como el Casco, o Moncloa para los madrileños, cosa que en cualquier caso tampoco he encontrado en ningún país y que es algo que echo de menos de España. De todas formas sé que especialmente en verano el ambiente es genial y más en la zona de playa.

Paseando, casi sin querer acabé en el zoo. Además me ahorre los casi $25 de la entrada, porque me colé por una puerta que estaba abierta. No es impresionante y el de Sydney fue mucho mejor. Por lo menos por fin vi a un kiwi, que en Nueva Zelanda no fue posible. De nuevo los más simpáticos los simios; te dan ganas de llevarte uno de mascota.

El hostal por cierto, HI San Diego, de 9.5, no le pongo el 10 porque los ordenadores no eran gratis, aunque sí el wi-fi, y no había spa como en Nueva Zelanda. Podría ser más divertido, pero el sitio en sí está impecable; tengo entendido que en el de Point Loma el ambiente está genial y es más barato, aunque el hostal no sea tan bueno.

San Francisco

Zaragoza, 06/05/08

Lo primero que me impresionó, porque es realmente impresionante, son los campos inmensos con millones y millones de árboles que hay en el camino de Los Angeles a San Francisco. De ahí que California sea el mayor productor de nueces, pasas y otras cosas. Analizando los campos te das cuenta de que los tienen estudiados al milímetro, rebosaban eficiencia; a veces estos gringos hacen bien las cosas, por eso están donde están. En un momento recuerdo pasar por una granja de vacas tamaño ciudad; al aparecer a la vista se oyó una exhalación de la gente en el autobús y a mí me salió un instintivo "jooo-der"; creo que se podría abastecer a todos los Mc Donalds del mundo.

De San Francisco se puede decir que tiene un muelle muy bonito, donde además hay leones marinos que están ahí completamente libres, que tiene un barrio chino muy grande, que el Golden Gate no es tan impresionante, de hecho ahí mismo tienen otro puente que lo es más, pero que no tiene tanta historia, y ni que decir si lo comparásemos con el de Sydney, que tiene su gente pirada por la calle, como buena ciudad estadounidense, y sobre todo que hay que ser subnormal para hacer una ciudad con esas cuestas imposibles, que son muy famosas está claro, pero que son lo más incómodo y poco práctico también. Son increíbles, se ven marcas en el asfalto de multitud de coches que han tocado con los bajos en las intersecciones con las calles horizontales, a veces la acera son escalones y en alguna hasta está prohibido que circulen autobuses.
Una de las visitas típicas es Alcatraz. No está mal, tiene su historia, visitas las celdas, te cuentan como eran las cosas, te hablan de las fugas, los mitos... Pero no hay que ir pensando que vas a ver algo escalofriante.

Es la capital de la informática y me molesté en buscar en Google dónde estaba Google y fui a ver como era. Cuando lo encontré, físicamente me refiero, pregunté por alojamiento en Tijuana, pero no me supieron decir, ¡vaya mierda!, ¿no es Google?, ¿qué pasa?, no tengo ordenador y he venido en persona. No, la verdad es que me dio mucha rabia que caí en hacer la gracia justo cuando me fui, pero habría estado divertido. Lo que sí que pregunté fue que qué hacían en esas oficinas y me dijeron que era clasificado, ¿?.

Aquí fue donde la historia de la cárcel. Al respecto, el día siguiente Víctor y yo nos disfrazamos de personas serias, es decir, nos vestimos bien con corbata y todo para evitar la opresión policial a las clases bajas. Estuvo divertido porque íbamos haciendo el subnormal tratándonos de Mr. Gómez y Mr. Mirronof y hablando pedantemente. Pero la gracia estuvo cuando en un momento fuimos a cruzar para ir al hostal por en medio de la calle. Era de noche y no pasaban coches. Se acercaba uno y nos quedamos parados esperando a que pasara. Era un coche de policía, se detuvo justo antes de donde estábamos y lo interpretamos como que nos dejaba pasar. Cruzamos, y cuando ya estábamos en el otro lado, arrancó, cruzó la calle hasta donde estábamos, se bajó y empezó a decirnos que si no le habíamos oído, que no podíamos cruzar por ahí y todo eso en un tono nada amistoso. Juro que una palabra mal dicha habría hecho que nos arrestaran. Yo, después de la experiencia de la noche anterior, me parecía increíble que estuviéramos a punto de volver a terminar en un coche de policía, me parecía cómico que estos seres pudieran ser tan estúpidos y casi se me escapa una carcajada de incredulidad. El poli me dijo que si me parecía gracioso y yo intentando estar serio, aguantándome la risa, le dije que no y al final todo se calmó y nos dejó ir (claro, era sólo uno y no había nadie para poder ver su hazaña de como luchaba contra el mal, así que no tenía sentido detenernos). Juro que estuve pensando en cagarla a propósito por vosotros, para que tuvierais otra anécdota, porque me parecía gracioso e increíble y por redemostrar lo mal que están en ese país.

En mi afición por las universidades, y sobre todo yendo en busca de mi fiesta americana, visité las de Stanford y Berkeley. Stanford es preciosa, merece la pena visitarla. Lo malo es que cuando llegué ya era tarde y no había apenas gente, por lo que resignado sin encontrar nada me fui hacía el pueblo a buscar un bar donde hubiera algo. En el autobús de camino conocí a una asiática-americana que me invitó a una fiesta, que ya me avisó que era de cumpleaños en una casa, nada gordo. La fiesta resultó ser de "nerds", es decir, empollones. Había uno que me sacaba especialmente de quicio, un rubio con coleta, gafas y que hablaba súper gangoso, por no contar sus comentarios dignos del mejor de los empollones de una película americana.

(a la izquierda mi amigo el gangoso)

Ahí estuvimos una docena de personas más o menos, todo estudiantes de postgrado de Stanford nada menos, con un amplio y abundante surtido de bebidas, eso sí, pero sin hacer nada muy particular, de hecho la consola tuvo bastante trabajo esa noche. Pues siendo que yo no era nadie allí, había llegado conociendo a sólo una persona y de escasos minutos además, acabé siendo el maestro de ceremonias. Aprovechando todo el potencial alcohólico que tenían, les preparé una sangría en una cacerola y luego les propuse un juego, el "yo nunca he", habría llegado mucho más lejos que eso, pero de donde no hay no se puede sacar. Normalmente no me gusta ese juego porque al final siempre tengo que mentir, pero fue muy a propósito porque quería saber con qué tipo de gente estaba. Si digo que una de las preguntas fue "yo nunca he fumado un cigarrillo", creo que ya lo digo todo. Creo que bebí en todas las preguntas menos en una, "yo nunca he mentido en la declaración de la renta", y eso porque nunca la he hecho, que si no... La cosa es que en cada una les contaba la historia del pecado correspondiente y en definitiva me pasé la noche contándoles batallitas, aunque intentando que ellos tuvieran algo interesante también que compartir. El juego desde luego no derivó a lo que generalmente suele llevar sobre sexo y tal y fue de lo más inocente.
Realmente tampoco estuvo mal, fue entretenido, curioso y, bueno, así puede comprobar cómo es la vida de otro tipo de seres.

A Berkeley fui en dos ocasiones. La primera no conseguí mi fiesta universitaria, pero acabé con unas chicas de muy buen cachondeo por San Francisco, así que bien. La segunda, la diversión ya la tenía garantizada porque fui con nuestro compañero ruso de aventuras policíacas, Víctor, y desde luego la cosa no defraudó. Primero haciendo el subnormal por la calle con un helado de 1.6 litros con el frío que hacía, que por supuesto nos terminamos. Así escrito y sin entrar en detalles sé que no tiene absolutamente nada de gracioso, pero in situ y con un par de cervezas, creedme que dio mucho juego la tontería. Finalmente nos fuimos en busca de la fiesta perdida, ...y la encontramos. ¡Menuda mansión la de la fraternidad ΔKE! Me parecía un sacrilegio bastante considerable que en una casa que tenía seguramente más de un siglo de historia, con todo de madera y preciosa, se estuviera armando esa bacanal, con alcohol por todas partes, la gente, la música...



Estuvo genial porque, para empezar no había que pagar nada, y la barra libre siempre es algo bueno, gente por todas partes, la música muy bien montada y escogida, luces... vamos, que eso es organizar una fiesta en condiciones. Lo que me quedará en la memoria es la forma de bailar de los gringos, concretamente de las mujeres que, independientemente del tipo de música, se ponen siempre de espaldas al hombre sacando el culo y frotándoselo contra la cebolleta. Es gracioso porque el hombre si quiere se puede quedar sin hacer nada o hasta hacerle la burla a la chavala, porque la otra no le mira, está sólo concentrada en mover el culo para intentar ponerlo cachondo. No eran ni una ni dos, eran absolutamente todas las que bailaban en pareja.


(baile tradicional estadounidense)

Esta pequeña historia de la fiesta que he contado en un párrafo, nuestro amigo ruso me mandó su versión de los hechos en un pdf de diez páginas.

sábado, 26 de abril de 2008

Los Angeles y Hollywood

Vancouver 25/04/08

Hay varias cosas de Los Angeles que tienen fama, pero nada más, Bel Air y Beverly Hills son un ejemplo. Vale que tienen algunas casas de impresión, que siendo que cualquier casita en la ciudad vale fácilmente un millón, ni me imagino el precio de las mansiones. La cosa es que el vecindario no tiene nada, ni un parque, ni ningún comercio cerca, ni si quiera acera por la que puedas ir andando, por lo que es, como suele pasar en Estados Unidos, imprescindible tener coche. Al parecer es poco menos que por ley en ese país que las cosas estén lejos y el transporte público sea deficiente, así fomentan el consumismo. Debe ser bastante aburrido ser rico y vivir por ahí, porque realmente estás aislado y no puedes tener contacto con los de tu propio vecindario.

Otra cosa decepcionante es sin duda Hollywood, y ni que decir del cutre cartel de las letritas, que ni tienen iluminado. Sí, hay estrellas con nombres en el suelo, ¿y qué?, en el suelo también hay vagabundos tirados y a nadie le parecen maravillosos. Lo que sí, que todo gira entorno a la industria del cine, la televisión y todo ese mundillo. Eso es lo que tiene de especial, realmente te das cuenta de que eso no es una ciudad normal, es una fábrica de cine, puedes ver cualquier cosa relacionada con eso, anuncios de castings, academias de artes, rodajes de películas en la calle, gente en busca de extras... Casi sin querer puedes acabar en una peli por andar paseando por ahí.

Cosas que sí están bien de allá son por ejemplo la playa de Santa Mónica. El cómo la visité es confidencial, pero lo que sí puedo decir es que está bien porque es bien ancha y grande. Con la rasca que hacía no era cuestión de bañarse, pero en verano me la imagino llena de gringas en bikini y montón de surferos y tiene que estar genial.

Otra cosa que está muy bien es la U.C.L.A., la reputada universidad. Es enorme y preciosa, con edificios antiguos y unas instalaciones deportivas que asustan, pero mucho, no sé cuantas pistas de tenis, dos campos de hierba de los de Oliver y Benji, que no llegas a ver el final, y un estadio de baloncesto bien serio, que caben unos cuantos miles de espectadores. Como añoro mis tiempos de universitario, me metí en una clase de estadística. Ahora puedo decir que he estudiado en una prestigiosa universidad de los Estados Unidos. Qué gracia que al final nos hicieron examen y todo. (Padres, que sepáis que suspendí, pero prometo estudiar más la próxima vez). La verdad es que lo dejé en blanco y no lo entregué. Fue gracioso que en la clase de matemáticas de antes me asomé y cuando estaban explicando las propiedades de los logaritmos la profesora escribió "log2(9)+log2(4)=3+2=5=log2(36)", el que sepa un poco se dará cuenta de que algo no encaja, la profesora se dio cuenta también, pero no fue capaz de corregirlo, y continúo diciendo algo así como, bueno, que da igual, ya sabéis como es. (Solución: cambiar el 9 por 8 y por consiguiente el 36 por 32).

El por qué fui a la universidad, aparte de por afición y que me parece interesante por varias razones, fue porque iba en busca de la clásica fiesta universitaria yankee. Ese día no la encontré, pero llegué a ver la zona cero, es decir, donde hubo una el día anterior. El sitio estaba genial, aún había comida por ahí, tenían surtidor de refrescos, las paredes pintadas con mensajes del tipo "estoy borracho", "yo más", "las fiestas de las demás casas apestan"..., y bueno todo estaba un tanto patas arriba. Prometí volver, pero eso ya fue después de San Francisco y lo contaré en otro post.

 

jueves, 24 de abril de 2008

Los Angeles, introducción a los EE.UU.

Vancouver 24/04/08 (hoy hace un año bisiesto que partí)

La palabra California yo pensaba que venía de calor, pero al llegar a Los Angeles, para el día de los enamorados, me di cuenta de que el invierno sí que existe allí también. Me costó acostumbrarme porque llevaba desde el invierno pasado sin saber lo que era bajar de diez grados ya que cuando era invierno en el Hemisferio Norte, yo estaba en verano en el Sur.

Lo segundo que me llamó la atención fue que el español estaba presente en todos lados, carteles, radio, televisión y sobre todo en restaurantes y en la gente, porque quizás la mitad de la población es hispana, hasta el alcalde es de ascendencia mexicana. Fácilmente puedes pasar un día sin hablar ni escuchar inglés.

Lo tercero que resalta es que no te enteras de cuánto miden, pesan u ocupan las cosas, porque todo está que si en millas, libras o galones. Es una mierda.

Otra cosa que llama la atención es el tema de los coches, pero ¿hace falta que comente lo de los monstruos que utilizan a modo de automovil? Las camionetas 4x4 que chupan 30 litros a los cien y las limusinas están a la orden del día.

Luego cuando vas a comprar tienen algo que me revienta, que tú te compras algo que vale un dólar, vas a pagar con tu dólar preparado en la mano y te dicen que son $1.16, porque por lo general no incluyen los impuestos en el precio. ¡Aaarg, cómo me fastidiaba! Así está todo lleno de monedas de un centavo tiradas por todos lados; apuesto a que si te dedicaras a recogerlos todos te daría para comer cada día.

A mí siempre me gusta probar las cosas típicas de cada sitio que visito, así que evidentemente siempre como comida tradicional. Allí no fue menos y me ponía hasta arriba de Mc Donald's, Burriking y sobre todo el bendito Subway. La cosa estaba clara, con los "value menu" con ofertas como una doble con queso por un dólar (más impuestos, por supuesto), tú dirás, que no estamos como para irnos de restaurantes todos los días. Incluso llegué a confeccionar comidas completas a base de una ensalada, como primer plato, hamburguesa de segundo, si me animaba incluso dos, y tarta de manzana de postre y por unos $4. En serio que es increíble la cantidad de comida rápida que hay, exagerado.

Lo que también era de esperar es lo de la gente que te puedes encontrar por la calle, porque es todo un show. No hay vagabundos como los de Estados Unidos, eso está claro, porque en cualquier otro lugar van a su rollo, sin meterse con nadie, pidiendo y todo eso, pero allí van gritando, hablando solos, vistiendo estrafalariamente o cualquier cosa que sea, pero no son capaces de hacerse pasar desapercibidos. Por ejemplo, una vez iba en el autobús, que siempre te encuentras a un 80% de negros un blanquito perdido y el resto mexicanos, y un negrata de dos metros bien grandote y con el labio partido, vete tú a saber por qué, empezó a cantar a capella gesticulando exageradamente como si fuera un galán mirando fijamente a la gente, especialmente a mí, que le mantenía la mirada y sonreía por la cómico de su actuación, hasta que incluso me cantó casi en exclusiva una canción. No es que buscara limosnas en absoluto, simplemente le dio el punto.
En el tema mendigos se puede ver de todo, en el space hay un par de fotos de Hollywood de uno sentado en un banco con los pantalones medio bajados y otro tirado en el suelo con botas de invierno, falda, gafas de sol y peluca blanca.
Por San Francisco había una calle que yo mismo me dije que evitaría porque una vez que pasé por allá vi a unos policías registrando a un negro y el otro en plan de "eso no es mío, agente", y todo eso, otra llamando puta a gritos a otra, drogadictos por un lado, vagabundos con el carrito por otro, pandillas de negros en una esquina y tal, toda una imagen de ese bonito país.
Caminando por Sunset Boulevard, me tropecé con otro de tantos personajes, que casualmente también llevaba el labio partido y sangrando, pero con razón, porque lo primero que hizo fue lanzarse a mí y empezar a abrazarme emocionado, lo segundo comenzó a leerme la Biblia, luego me decía que Jesucristo iba a venir pronto, que lo ponía ahí y por último quería que repitiera con él que Jesús era el Señor y mi salvador o algo así. Siendo ese país, me pareció todo de lo más normal.

Mi madre teía un miedo injustificado a que me pasara algo cuando estaba con Asia, pero aunque Estados Unidos sea primer mundo y "civilizado", entre la gente y los policías que hay, que no son poco peligrosos como quedó demostrado, el país lo clasificaría de los más inseguros. Para ejemplo, un día estando en Inglewood, en Los Angeles, con otros dos chavales, es decir tres hombres, esperando una hamburguesa en la ventanilla de un fast food por la noche, se nos acerca un policía a preguntarnos que qué hacíamos allí, que si nos sabíamos que nos podían "matar", que seguramente nos atracarían, pero eso, que nos podían matar. En pocos sitios te pueden dar un aviso como ese.

 

viernes, 11 de abril de 2008

Hawaii

Mexico DF 10/04/08

Si al leer Hawaii has esperado leer un post lleno de fiesta o exotismo, lamento decepcionarte. Cuando decidí ir a nada menos que Honolulu, con lo bien que suena, desde luego no esperaba lo que me encontré. Yo, como seguro que tantos otros, tenía un concepto de Hawaii de playas con palmeras y bungalows, aparte de resorts de lujo, y mujeres bien broceadas de ojos avellanados con faldas de paja y sujetadores de cocos bailando el hula-hula, y por lo menos en la isla de Oahu, que es la principal y donde estuve, eso no existe. Nada más llegar sí que comprobé que por lo menos las camisas hawaianas no son un mito, porque de hecho es el uniforme de los conductores de autobús y los empleados del supermercado entre otros. La decepción vino ya en el autobús cuando me di cuenta de que todo el mundo llevaba un estilo de vida completamente normal, como el de una ciudad cualquiera. Y es que en efecto, Honolulu es una ciudad normal, pero con playa y unos cuantos turistas. Pero, ¿qué gracia tiene Waikiki, una playa, que ni mucho menos es paradisiaca, concurrida y que justo detrás tienes un Mc Donald's? Por lo menos uno espera el gran fiestón, pero sería un sacrilegio comparar la marcha de allí con la de China, por ejemplo. Algo hay, aunque no demasiado, pero ni mucho menos alocado. Al que le consuele, por lo menos tiene algunas prostitutas bien guapas.

Yo fui primero al Norte, North Shore, para evitar Waikiki, que es lo que me recomendaba todo el mundo. En invierno en esa parte se encuentran las mejores olas del mundo para surfear y por lo tanto estába a reventar de surferos. Y ahí entro en el tema de estos seres singulares. Yo pensaba que esta gente era puro cachondeo, pero me di cuenta de que, aunque pueden ser muy majos, eran unos frikis integrales y no se pueden salir de lo que no implique olas. Y tanto es así que no montan fiesta porque están cansados y sobre todo porque tienen que madrugar para ir a pillar las mejores olas, y a las seis o antes tienes que aguantar su maldito despertador. Yo convivía con varios y no os podéis imaginar como son, ¿es posible que viajes con tres tablas de surf y te parezcan poco? Una de ellas llevaba una maleta que cabían tres jugadores de baloncesto estirados, literalmente. Por lo menos eso les mantiene bien en forma y todos tienen unos cuerpos danone para desear o envidiar. Me llevaron a ver la ola más famosa, la Pipeline, que la verdad es que es bastante impresionante y yo mismo me pasé un buen rato admirándola y viendo como un hormiguero de surfistas flotaba esperando cada uno su momento. Era curioso ver a tal cantidad de fotógrafos con sus miras telescópicas de dos palmos preparados para captar al surfista de turno que tuviera una buena actuación. Yo un día me atreví con el bodyboard, pero no iba muy preparado, agarré una tabla que vi por ahí que no tenía cordón para que no se te escape y me fui para la playa, esto es lo mejor que hice. Cuando me metí al agua me costó como veinte minutos llegar adonde estaban los surfistas esperando a coger una ola, porque yo, a diferencia de los demás que van con el bodyboard, no llevaba aletas. Después de un buen rato flotando descansando del titánico esfuerzo, por fin me decidí y me lancé a por una ola, y como ahí las olas no son tontería, el resultado fue que mi tabla se fue a cascarla y yo revuelto por el fondo del mar con el bañador a la altura de los tobillos. Cuando salí a la superficie después de ponerme de nuevo el bañador mi tabla ya estaba bien lejos y nadé a por ella, aunque no la alcancé hasta la orilla, con lo que pocas ganas me quedaron de volver a meterme la paliza y ahí se acabó mi experiencia surfera.

Lo que más me gustó de la isla fue Pearl Harvour, me encantó conocer la historia. El museo, el documental y que te llevaran en barco hasta el monumento del USS Arizona , me pareció muy educativo e interesante y loable que no cobren por ello. Después de conocer lo que pasó resulta irónico ver a tanto japonés por ahí, porque hasta muchos carteles están escritos en japones, y ahora tan bien recibidos, los tienes ahí de vacaciones y tomando fotos a lo que destruyeron sesenta años atrás llevándose a más de dos mil americanitos en un día.

Lo único anecdódico y algo emocionante fue que me tiré de un avión a 14000 pies de altura, unos 4600 metros. Cerca de un minuto de caída libre para terminar volando suavemente como un pajarito unos cinco minutos en parapente. Sorprendentemente no es muy impresionante, el puenting lo es bastante más. Casi diría que es más bonito que otra cosa.

 

domingo, 30 de marzo de 2008

Sydney

Guadalajara 29/03/08

Después de llegar por tercera vez al aeropuerto de Sydney, por fin me quedé a visitar la ciudad. Sydney es una bonita ciudad, con un buen clima, al lado del mar, muy cosmopolita, mucha gente por las calles pero sin agobios, con muchas zonas verdes, cuidada, limpia y agradable para pasear. Un punto muy bueno que tiene es la fiesta, porque todos los días encuentras buen ambiente y como hay mucha competencia se esfuerzan por hacer cosas originales y ofrecer muy buenas ofertas. De hecho en mi hostal, the Maze, que no recomiendo, nos dieron unos cupones para quince consumiciones completamente gratis en distintos bares, que recorrimos sin gastarnos un dólar. Lo del alojamiento es lo peor, porque la calidad es malísima y el precio no es precisamente bueno, así que sólo puedo desaconsejar el mío pero no puedo recomendar ninguno, aunque visité varios y a excepción de los YHA, que son un poco caros, no vi nada bueno.

El famoso puente de la bahía es de los más espectaculares que he visto. Cobran $160, unos 100€, por darte un paseo hasta la cima del arco. Todo el mundo dice que merece la pena, la verdad es que debe ser impresionante y maravilloso, pero tener 100€ en el bolsillo me parece más maravilloso.

De la simbólica ópera sólo diré que es algo impresionante, pero no exagerado, es muy bonita, eso sí, y el emplazamiento perfecto.

Como el cachondeo me salía tan barato me di el homenaje de ir al mercado de pescados, sitio de obligada visita si te gusta el marisco, y me compré una bandeja enorme de sashimi variado, cuarto de kilo de unos langostinos buenísimos y los más fácil de pelar que haya visto, parecían desmontables, y media docena de ostras. Como un señor. Acabé jarto y encima tampoco me salió muy caro. Con la misma excusa y a petición de unos amigos holandeses, me di otro homenaje y un día fui con ellos a un restaurante español. Estuvo genial recordar el sabor de las papas bravas, los mejillones a la marinera y las albóndigas con salsa de almendras. Impecable, exquisito.

Con uno de los holandeses me fui un jueves al mejor fiestón que he estado en mucho tiempo. Primero barra libre de cerveza, vino y champán durante una hora, una locura, y gracias a eso no me gasté nada. Luego un animador hizo que algunos seleccionados como yo jugáramos a un juego. Había que ir recolectando de la gente los objetos que te iba diciendo. Los finalistas acabaron con un vaso vacío, una chancleta, una moneda, un calcetín blanco y un sujetador. Graciosillo, pero lo mejor aún no había venido. Lo siguiente pelea en una piscina hinchable llena de gelatina. También ameno. Pero lo mejor fue la fiesta de espuma, con la música dancera perfectamente seleccionada incluyendo grandes éxitos de discoteca de ayer y siempre, la locura de luces y el buen rollo con todo el mundo. Yo estaba pletórico desde el primer momento cuando partimos del hostal todo el mundo en un autobús con la música a todo trapo. Inmejorable.

El zoo de Sydney me pareció estupendo, merece la pena. Las jirafas están bien, el espectáculo de aves es curioso, pero destacan sobre todo lo magníficos que se ven los leones y los chimpancés, que son graciosísimos, además pude ver a uno que tenía ganas de marcha y le daba matarile a una que era muy "mona", mientras la otra se notaba que le intentaba decir que que no fuera tan pesado, que le dejara en paz, igualito que en los humanos. Lástima que al maldito ornitorrinco no lo conseguí ver, los gorilas no estaban y el show de los leones marinos tampoco.

 

Byron Bay

Guadalajara 29/03/08

Al llegar al aeropuerto de Sydney por segunda vez, la primera fue para hacer escala hacia Nueva Zelanda y ahora viniendo de allí, quise divertirme con mis amigos de la aduana. Jugamos al juego que he bautizado como "¿qué me dices?". Yo de repente olvidé todo el inglés que sé, por lo que los interrogatorios ganaron en diversión. No es tan fácil hacer que no entiendes lo que te dicen, tienes que seleccionar las palabras que has entendido y las que "no". Por ejemplo me preguntaron "do you travel alone?", y eso no lo entiendo, entonces cambia la pregunta, "do you travel with friends?", y yo dudo y luego respondo "eh, eh... ¡Ah! Friends. No, yo no friends." Declarando en el papel que tenía comida y armas, aunque me refería a la navaja multiusos, pero eso no se especifica, y sin entenderme en los primeros controles, acabé de cabeza en la mesa donde te abren todo el equipaje. Después de unos intentos inútiles de comunicación por parte del agente de aduanas, que la verdad es que me calló bien y me hacía gracia verlo hablando como para subnormales para que le entendiera, casi me hizo descojonarme, al final vino otra a ayudarle y ¡sí, conseguí que un angloparlante hablara español! Yo para joder, a la pobre le hablaba bien rápido, así que como me vieron tan pardillo y les resultaba tan complicado, al final me dejaron ir sin registrarme nada, ¡y eso que había declarado que tenía hasta armas! ¡Qué bien me lo pasé! ¡Eso por los mecheros! En EE.UU. sí que no tuve huevos de jugar a lo mismo, que ahí están muy mal y vete a saber lo que te hacen, además hay muchos que saben español.

Después del juego me preguntaba qué hacer y al final acabé cogiendo otro avión adonde me habían recomendado ya un par de personas. Al Norte de Sydney, pero como todo en Australia, suficientemente lejos como para ir en avión, está Byron Bay, un pueblo playero para gente joven exclusivamente. Es un destino surfero muy importante, pero afortunadamente también hay gente normal, porque los surferos son unos frikis y no saben hacer otra cosa que no sea surfear. Los que no se dedican a las olas tienen como actividad principal el cachondeo, por lo que si eres joven y te gusta montarla cada noche este sitio te gustará.

Después del avión, para no perder las buenas costumbres que aprendí en Nueva Zelanda, fui hasta allá haciendo autoestop. Lo cuento porque fue curioso que me llevaron dos mujeres con dos niños de tres y siete años, es decir, más improbable que que te toque el Euromillón. Además que al ver el coche y a sus ocupantes ni siquiera saqué el dedo porque era absurdo, pero paró de todas formas y me llevaron detrás con los niños. Para que veáis cómo es el autoestop en otros países.

La ley de la oferta y la demanda hace que el alojamiento sea de lo peor y más caro que he visto, además aquí más vale reservar, porque puede estar completo. Esa misma ley afecta al ámbito sexual, porque curiosamente hay gran proporción de mujeres y están un tanto cachondas, aunque creo que eso se debe quizás a sus raíces inglesas o a que de hecho muchas lo son. Esta vez fue la primera y única que he visto que la gente se lo monte en los dormitorios. Hubo un día que yo estaba en una habitación con otras cinco tías y al despertarme por la mañana éramos diez; todas habían dormido con la pareja que se consiguieron esa noche excepto una que no salió porque estaba mala, que si no yo habría sido el único pringao en dormir solo. La calidad del hostal me molestó un poco, pero qué le iba a hacer. Hubo otra cosa que también me molestó y que tampoco le pude hacer nada, que llovió los cinco días que estuve, y además casi sin parar. Hubo un día que eso no me detuvo para ir a la playa a hacer el cabra con un murciano, claro, el pobre al ver tanta agua estaba emocionado. Fuimos con una de esas tablas cortas, los bodyboards, a intentar coger unas olitas. Pero eso no es el Mediterráneo, ahí cualquier ola de mierda te empuja unos metros para atrás; era imposible avanzar, andabas y a lo que venía una ola volvías a estar a la misma distancia de la costa, pero la corriente encima te había arrastrado lateralmente. A los diez minutos ya estaba exhausto y después de media hora y medio pulmón lo dejé habiendo conseguido pillar sólo un par de olas. Luego cuando volvimos al hostal estuvimos haciendo el mongolo quedándonos en la terraza bajo la intensa lluvia que resultaba realmente agradable. La verdad es que cuando no tengo nada que no se pueda mojar y hace buena temperatura, la lluvia me encanta. Eso sí, cuando fuimos a comprar todo mojados casi nos morimos con el aire acondicionado del súper. Como estaba lloviendo todo el día, propuse jugar al póker y se convirtió en la rutina de cada día, junto con beber y salir. Desde entonces me di cuenta de lo popular que es por todo el mundo y he jugado bastantes veces, me gusta, pero apesto, aún no he conseguido ganar ni una.

La juerga puede estar bastante bien. Primero se bebe en casa, es decir en el hostal, lo cual es muy sociable y divertido. Lo más común, por ser lo más barato, era el vino en bolsa dentro de una caja, que hay gran variedad y se puede encontrar en cualquier sitio por ahí. Eran creo que tres litros y salía por $10-12, unos 7€, así que bien. Luego ya se va a los garitos. Hay algunos que cierran antes que otros, pero creo que la hora límite eran las tres. El domingo es día de culto y todo, absolutamente todo, cierra a las ¡12! No lo sabíamos nadie, pensando que ahí todos los días es Navidad, como quien dice, y nos quedamos indignadísimos con cara de tontos después de habernos esforzado con nuestro vino de bolsa para no estar ni diez minutos en un bar. Yo lo resolví colándome en la piscina municipal y en la del hostal, aparte de un bañito entre medias en el mar. Vamos, que me pasé la noche a remojo. Me encantó porque lo de bañarme en el mar de noche y colarme en las piscinas con alguna amiga son mis deportes de verano favoritos. Por cierto que de la municipal nos echaron.

De nuevo hice autoestop para irme y el último que me llevó me recomendó que al final me cogiera el tren que me dejaba en el aeropuerto. Lo hice a pesar de que va en contra de mi nueva religión, ahora soy autoestopista, aunque como tuvo un retraso, al final monté una película de que había perdido el avión por su culpa y conseguí que me devolvieran el dinero y así remendar mi pecado.

 

Auckland

Guadalajara 29/03/08

Me fui de la isla Sur y lo único que sentí que me quedara pendiente fue visitar Kaikoura, por las ballenas, y especialmente Akaroa. Todo el mundo me decía lo bonito que era este último, y es que tiene la particularidad de ser estilo francés, en oposición al tan marcado estilo inglés de Christchurch. Sobre todo me fastidió porque me habían recomendado encarecidamente lo de nadar con los delfines, que aunque salía algo caro, según parece merecía muchísimo la pena.

Auckland me causó buena impresión desde el principio, porque pese a sus 1.3 millones de habitantes no se veían agobios, pero si movimiento incluso por la noche, algo que no existe en el Sur, a excepción de Queenstown, que ya antes de las once de la noche da la impresión de que haya habido un holocausto.

La ciudad es bonita y nueva, como suele pasar por ahí debido a que no tienen más de doscientos años de historia, se pueden recorrer las distancias andando y es muy cosmopolita, especialmente por la cantidad de asiáticos y de sudamericanos. El puerto tiene no sólo unos barcos de lujo impresionantes y preciosos, sino también algunos bares, que con bandas en vivo, como les gusta por ahí, se llenan a reventar. Recomiendo el hostal ABC, que es buenísimo e inmenso, puede alojar a más de 500 personas, y tiene promociones con los bares de abajo. Al que le guste el casino, que vaya al Skycity, que es bien agradable y no tiene nada de ambiente elitista, y en cualquier caso, hay que visitar ese edificio tan representativo de la ciudad.

 

sábado, 29 de marzo de 2008

Pancake Rocks, Abel Tasman y Arthur's Pass

Guadalajara 28/03/08

Yendo hacia el Norte hice la parada obligada para tomar las fotos de las Pancake Rocks, que son unas formaciones rocosas en la costa con la singularidad de estar formadas por láminas creadas por sedimentación. Son curiosas, vale, pero no dejan de ser sólo rocas, nada más. En el space le he dedicado una sola foto de muestra.

Una de las caminatas más populares, y he de decir que con razón, es la del parque nacional Abel Tasman, en el extremo Noroeste de la isla Sur. Es bastante común aquí hacer kayac. Yo me pensé cogerme un paquete de un par de días, pero al final me alegré mucho de no haberlo hecho. Al respecto yo recomendaría hacerlo independientemente y sólo de Marahau a Anchorage, si es que realmente se tiene la ilusión de hacerlo. La razón es que esa parte no resulta nada interesante andando, pero sin embargo sería una lástima perderse el resto por hacerlo por agua y además no hay nada extra que se pueda ver en kayac que no se pueda andando.

El recorrido es muy sencillo, está acondicionado para que se pueda hacer incluso con un carrito de bebé yo incluso me hice la mitad descalzo cual profeta, pero es largo, cerca de 40km, y para disfrutarlo se recomiendan tres días y dos noches. Existe un servicio de "aquataxi" que puede llevarte y traerte a y desde distintos sitios, así que se puede hacer una excursión de hasta un día si se quiere. Hay cabañas para dormir y puestos de acampada y se deben reservar y pagar antes de entrar al parque, cosa que por supuesto no hice. Sin embargo no hay tiendas, cocinas ni papeleras, por lo que uno tiene que cargar con toda la comida, equipo de cocinar y basura todo el camino.

Lo más curioso de la caminata es que en varios puntos se depende de la marea para pasar, pero está perfectamente explicado e informan de los horarios en distintos lugares. A mí me pareció increíble las inmensas superficies que atraviesas que en otro momento son mar. En esas partes generalmente vas descalzo, porque sueles tener que atravesar varios riachuelos y resulta más cómodo, y vas pisando la arena que está llena de pequeños agujeros donde se van escondiendo diminutos cangrejos a tu paso y millones y millones de conchas. Es una sensación estupenda sentirse ahí en medio. A veces la marea no está en lo más bajo y toca mojarse un poco, pero le da un toque aventurero al asunto tener quizás que ir con la mochila sobre la cabeza.

Lo más bonito del recorrido son sin duda las playas. Son preciosas y evidentemente están un poco más vacías que las de Benidorm, pero el agua no está tan caliente, de hecho está un tanto fresca para mi gusto, aunque me atreví a meterme entero.

Comencé sólo y terminé un grupo de argentinos geniales y algo singulares; me sorprendió su “profesionalidad” cuando empezaron a sacar todos los recursos que tenían para caminar, empezaron fumándose un porrillo, luego sacaron el vodka, un poco de LSD y party pills, que es algo legal allí, vamos, que iban perfectamente preparados para pasar un buen rato en la naturaleza. Luego aparte tenían altavoces para el ipod, parlantes que dirían ellos, y podíamos ir escuchando música por el camino, así que bastante bien con ellos. Posteriormente me los volví a encontrar en Christchurch, a 500km, y seguían con sus cosillas, pero me alegró mucho volverlos a ver.

La primera noche aún no los conocía y dormí de nuevo en el bosque, en un sitio genial, e incluso me molesté en hacerme un colchoncito con hojas de helecho seco. Por la mañana se me apareció un hombre que estaba en una casa al lado de donde yo dormí, iba al baño, que consistía en un agujero con un tablón donde sentarse y resultó que yo me aposté en el medio del camino. Me invitó a desayunar, es decir, el bosque resultó ser para mí como un bed & breakfast, pero gratis. Estaban unos 35 miembros de la misma familia, y esperaban estar más de 60 ese día, que estaban celebrando que hace cien años que compraron el terreno en ese sitio tan singular, junto a la playa sin nada urbanizado alrededor en un parque nacional. La casa era tipo Robinsons hecha a mano, sin luz, con una nevera, cocina y bañera que podían tener más de 50 años, genial.

Como se está extendiendo demasiado lo del parquecito lo voy a dejar ya, pero en conclusión fue muy agradable y tiene unos escenarios preciosos. Un pequeño consejo para el que vaya, en el puente colgante buscar un camino alternativo que está abandonado que baja al río.

De vuelta hacia Christchurch me molesté en pasar por el Arthur's Pass, que es un puerto de montaña que se supone es precioso. No lo es, será bonito, pero no tiene nada de especial, quizás con nieve sea interesante, pero sin más por la carretera no tiene nada. Se supone que es un sitio esupendo para practicar montañismo, pero es algo que evidentemente no hice.

 

Copland Track y Franz Josef

Guadalajara 28/03/08

La caminata más bonita que hice, y que creo que nunca superaré, fue la de Copland Track. No sólo es preciosa sino que también entretenida porque tienes que pasar riachuelos, barro, algún escalón considerable, que de hecho bajarlo fue fácil pero de vuelta casi no lo puedo subir, y discurre por en medio del bosque, el campo y la orilla de un río. La gracia está aparte de todo lo marivillosa que es, que como recompensa hay un manantial de agua caliente al final, y digo final porque es hasta donde la gente suele llegar, aunque se puede continuar, pero eso ya es más montañismo. Haciendo unos rudimentarios canales han hecho unas pequeñas piscinas naturales con el agua a diferentes temperaturas donde te puedes bañar y en invierno con la nieve alrededor tiene que ser espectacular, aunque desde allí, sí que se alcanzan a ver las cumbres blancas incluso en verano.

mpecé muy tarde porque no fue un buen día de autoestop y no me dio tiempo a llegar hasta el final antes de que se fuera el sol, con lo que me tocó quedarme a dormir con los animalitos. La verdad es que el bosque no es tan tranquilo como se supone, porque al atardecer se oye un constante y agudo zumbido, pero afortunadamente hacia las once se fueron a dormir y ya sólo quedaba el arrullante ruido del arroyo.

El día siguiente fue realmente duro, porque aún tuve que hacer una hora y media de camino para llegar al premio del baño en las aguas termales y volver todo el camino que eran unas seis horas sin parar, que a eso le añades que dos días antes me hice la del Rob Roy, el día anterior ya me hice 4,5 horas y que llevaba todo mi equipaje encima,  más de 20 kilos, pues se puede imaginar como acabé con los pies. De las últimas 24 horas me pasé la mitad andando, pero mereció muchísimo la pena.

Cuando llegué al pueblo de Franz Josef, me tomé una cerveza y me fui a dormir a las nueve de la noche hasta las nueve del día siguiente que bien merecido me lo tenía. Después de un día de descanso y otro lloviendo finalmente pude visitar el famoso glaciar. Es impresionante, parece grande, pero no lo es, es enorme, en las fotos no se aprecia en absoluto, con la de gente que hay andando por encima y ni siquiera se distinguen. Es bastante particular, porque termina a 200m sobre el nivel del mar rodeado de selva. Vas en pantalón corto, pero estás tocando hielo como si estuvieras en la alta montaña. Eso se debe a la enorme cantidad de precipitaciones que hacen que se acumulen anualmente más de 30m de nieve en las cumbres por razones geográficas que te explican en la excursión. Este tipo de glaciares sólo se dan en Chile y creo que en otro sitio que no me acuerdo. Merece la pena visitarlo, lo malo es que para llegar a pisarlo tienes que pagar NZ$90 para que te lleven con guía, es un monopolio y no hay más opción, a no ser que consideres pagar más y vayas en helicóptero. Es curioso sentir que estás en una montaña por la cantidad de piedras que arrastra que acaban en la superficie, aunque debajo hay puro hielo, ver los bloques de hielo que bajan por el violento río gris formado por cada gota deshelada o ver esas paredes azules entre las que te puedes meter en las fracturas del glaciar ocasionadas por su continuo movimiento.

 

viernes, 28 de marzo de 2008

Queenstown y Milford Sound

Guadalajara 28/03/08

La siguiente parada fue Queenstown, la ciudad más para turistas de Nueva Zelanda, de hecho casi no hay kiwis, porque hasta mucha de la gente que trabaja allí son turistas que se quedan un tiempo para amortizar el viaje o sudamericanos, concretamente chilenos y argentinos, que hay muchos, que medio se están ganando la vida, medio viajando. Es el único sitio por ello donde se puede encontrar cachondeo en la isla Sur y un buen destino para desahogarse un poco y socializarse después de tanta naturaleza casi aislado. De cualquier forma, el sitio es también bonito, está junto a un lago y se puede disfrutar de las vistas desde la montaña del teleférico. Recomiendo subirla andando, que no es mucho, es más entretenido y barato, y encima bajar en la góndola, como llaman al teleférico, es gratis.

Lo que más define a este sitio son los deportes de aventura, podría considerarse la capital mundial de eso, porque se puede hacer de todo, eso sí, el precio no es el mejor. Por NZ$160, unos 80€, celebré mi cumpleaños tirándome desde el primer bungee jumping comercial del mundo, 43m, que no es mucho, pero con la gracia de terminar sumergiendo medio cuerpo en el río. Como iba a acabar en el agua, por seguridad me tiré con un flotador, lo único que como era de niño lo tuve que rajar para que me entrara, así que deshinchado quizás no funcionaba muy bien. Sinceramente no me pareció tan impresionante ni violento como se ve desde fuera, de hecho es muy suave y sólo se siente algo en el primer segundo cuando saltas, te ves en el aire, y al notar que no tienes donde agarrarte y que te vas a ir irremediablemente hacia abajo, te sale pensar “la jodí”.

El hostal, de la cadena neozelandesa BBH, genial, como todos los de la cadena, con spa y todo. De ahí me saqué a mis amigos postizos para celebrar mi cumpleaños. Hice tortilla de patatas para que la probaran todos y compré un trozo de pastel. Luego me los lleve de fiesta y la cosa estuvo bastante ambientada. No fue un gran cumpleaños, pero hice todo lo que pude.

Desde Queenstown fuimos María, una despistada colombiana, y yo a ver el fiordo más popular, el Milford Sound. Es bonito, eso es innegable, pero no es realmente impresionante. Tiene sus cascadas, sus paredes tan verticales, leones marinos y tal, pero no es mucho más. Lo peor es la forma de llegar allí, porque está apartado de culquier pueblo y el camino es bastante largo, por lo que toma bastante tiempo y dinero, aunque como fuimos a dedo nos salió bastante económico y sólo tuvimos que pagar el crucero de dos horas por NZ$68, que estuvo bastante bien. De camino hay un túnel con un semáforo que cambia cada cuarto de hora y donde te paras a esperar a que cambie hay unos párajos muy curiosos, los kea, que son como un loro grandote que no tienen miedo de la gente, son bastante espabilados y les encanta la goma de las ventanillas.

 

jueves, 27 de marzo de 2008

Empezando Nueva Zelanda

Guadalajara 27/03/08

Llegué a Christchurch, ciudad que a pesar de ser la más importante de la isla Sur no tiene nada interesante, y comencé a plantearme cómo recorrer la isla, porque así como hasta ahora había estado en sitios más o menos estáticos, Nueva Zelanda es para recorrérsela y ver muchos lugares, por lo que necesitaba un medio de transporte. Estuve tres semanas en la isla Sur, demasiado poco tiempo como para comprarme un coche y demasiado caro para alquilarlo. Un checo de donde me alojaba me dio la solución. Él llevaba toda la vida viajando haciendo autoestop y me habló de ello; así que después de un par de días, como necesitaba moverme porque estaba perdiendo el tiempo, me decidí por probar. Me cogí un bus urbano y me fui a las afueras, y desde ese momento hasta que tuve que tomar otro autobús para ir al aeropuerto para irme ya no volví a gastarme ni un céntimo en transporte y me hice miles de kilómetros, conocí decenas de coches y llegué a absolutamente todos los sitios que me propuse. Es sin duda la mejor solución para viajar en ese país si vas solo. Fue lo mejor y era increíble lo bien que funcionaba, lo normal era no esperar más de diez minutos, a veces ni uno, una vez saqué el dedo y no paró el primero que pasó, sino el anterior. La mitad de las veces era algo particular, alguien con una vida singular, un personaje curioso, situaciones atípicas, en definitiva, aparte de barato, que incluso alguna vez me invitaron a algo, entretenido. Por contar una de tantas, una vez me recogieron dos jovencitas muy monas con una camioneta con cama detrás. Yo fui todo el tiempo acostado, pero temeroso, ya se sabe que en esto del autoestop no te puedes fiar, de que me llevaran a algún sitio apartado y de alguna sucia forma me hicieran pagarles por el viaje. Desgraciadamente no me cobraron, pero es el sueño de todo autoestopista y soñar es gratis. De todas formas no siempre es tan fácil, hubo un par de veces que estuve más de una hora, u otra que en unas tres horas y tres coches me hice quince kilómetros. Esa vez me costó ocho horas hacerme 350km, que pensándolo de otra manera aún es más rápido que el autobús en India o Nepal. El problema está a veces que por mucho que sea la "autopista", puedes no ver un coche en un rato por lo que ya expliqué en el post anterior de que está vacío.

La primera parada fue Wanaka, sitio que si tienes una familia y una lancha es ideal para pasar el fin de semana dando vueltas en el lago con las otras lanchas y las otras familias. Si no casi te puedes olvidar, aunque hay algo que sí merece la pena, la caminata del glaciar Rob Roy. Fue mi primera caminata y bien mereció la pena, porque era realmente bonito, todo el camino entre los árboles para llegar al final a estar enfrente de un glaciar y unas cascadas. Además sirvió como calentamiento porque no costaba mucho, un par de horas ira y vuelta. La anécdota de Wanaka fue que llegué de noche y después de una vaga comprobación no encontré alojamiento. Siendo que era la primera vez que había hecho autoestop y estaba emocionado de lo bien que había funcionado, no hubo mejor guinda para mi pastel que ponerme a dormir en un parque con mi saco. Estaba entusiasmado, pero no sabía lo entretenido que iba a ser. A las tres de la noche oigo un ruido, me incorporo y veo que son los aspersores, miro y al ver que no me alcanzan sigo durmiendo. Una hora más tarde vuelvo a oír el mismo sonido, me vuelvo a levantar, era la siguiente fila de aspersores. Me da la impresión de que tampoco llegan y me tumbo de nuevo. En seguida escucho el sonido más cerca, me había equivocado, ¡sí que llegaban! Me cubrí lo que pude con la funda de la mochila y dejé que me duchara la primera oleada para luego coger todos los bártulos e irme corriendo a buscar otro sitio más hospitalario en mitad de la noche. ¡Qué gracioso cómo me lo paso!, ¿eh? Aprendí muchas cosas de supervivencia en el tiempo que estuve en Nueva Zelanda, que hacer autoestop es la forma más económica de viajar fue la primera, la segunda fue que si duermes en un parque te fijes antes en los aspersores. Al final del viaje pondré una lista de todo lo que se aprende viajando que voy anotando, ya tengo unas cuantas cosillas.

 

jueves, 13 de marzo de 2008

Nueva Zelanda, intro

Culiacán 15/03/08

Nada más llegar al aeropuerto de Auckland, después de hacer escala en Sydney, pregunté que había que hacer allí y acabé comprándome otro vuelo para ir a la isla Sur. Total, tres aviones y cuatro aeropuertos en 24h. Fue gracioso que después de pasarme toda la noche allí, casi pierdo el avión porque estaba en la terminal equivocada (¿te recuerda a algo, Edu?), tenía el tiempo muy justo y la otra estaba un tanto lejos, por lo que me tocó una sesión de jogging mañanero. Me habría dado cuenta antes si no fuera porque no tenían otra cosa mejor que hacer a las seis de la mañana que desalojar el aeropuerto para hacer un simulacro. Fue gracioso que tuvo que sonar el aviso de evacuación cinco veces antes de que la gente se empezara a mover, porque nadie se creía lo que oía y nadie quería perder el sitio en la fila. Vamos, que si realmente fuera una emergencia no lo contamos.

Hablar de Nueva Zelanda es hablar de naturaleza y actividades al aire libe. Se puede practicar cualquier deporte de aventura, desde clásicos como el rafting hasta algunos impensables como el "heli-fishing", los tienen todos. Pero lo principal, a lo que se va a Nueva Zelanda, es a andar. Lo que tiene este país es que es muy completo en cuanto a paisajes, porque cuenta con playa, montaña, bosques, fiordos y glaciares. En cualquier caso, a mi juicio, aunque conocí algunos escenarios excepcionales, es muy bonito y muy completo, no me parece tan maravilloso y está muy lejos para que merezca la pena el viaje. Para playas Formentera, por ejemplo, para fiordos Noruega, para deportes de aventura Nepal, para montañas los Alpes y para glaciares de ese tipo Chile. De hecho después de estar ahí estoy muy orgulloso de algunos de nuestros paisajes, especialmente de los Pirineos, que no tienen nada que envidiar.

En total tiene cuatro millones de habitantes, que para la superficie que tiene, equivalente a Italia, no es mucho. Sólo el 30% de la población vive en la isla Sur que encima es la más grande y además 400.000 están en Christchurch. Haciendo las cuentas es fácil darse cuenta de que está vacio. Se nota en cada detalle que es un territorio nuevo, hace 200 años no había llegado apenas gente hasta allí. Todo el mundo sabe cuantas generaciones llevan ahí y los más autóctonos son unas seis. ¿Cuántas lleva tu familia en España? La población más grande de todas formas no es la de personas, sino la de ovejas, algo por lo que son muy famosos, ya que son 40 millones, o lo que es lo mismo, diez ovejas por habitante (datos oficiales). Eso hace que disfrutar de un buen trozo de cordero no sea un lujo, ya que de hecho cuesta unos 3,5€ el kilo, toda una ganga, menudos homenajes me daba.

Es muy salvaje, y desde luego no me refiero a brutal, porque es precisamente muy seguro, ya que apenas hay mamíferos y excepto los mosquitos no hay nada que pique. Pero cada vez hay más turismo, en gran parte por el maldito Señor de los Anillos, y todo está enfocado a ese sector. Siendo que el país es no es caro, la demanda hace que lo turístico sí lo sea, especialmente cualquier actividad. En cualquier caso en invierno, en nuestro verano, que es temporada baja, la tranquilidad es absoluta. Eso para mí es un problema, porque incluso en temporada alta es demasiado tranquilo, aburrido sería otra palabra, ya que, como ya he dicho, no hay nadie. Lo de la naturaleza está bien, pero para mí la vida es algo más que un escenario bonito. Sólo se puede encontrar fiesta en la isla Sur en Queenstown, porque es un pueblo exclusivamente turístico, hasta la gente que trabaja allí son turistas.

Oportunidades de trabajo hay todas las que quieras, y eso hace que haya multitud de chilenos y argentinos, aparte de otras nacionalidades. En Australia también abundan las ofertas de trabajo, pero la política de inmigración es un poco menos abierta para los suramericanos. Tanto en Nueva Zelanda como en Australia lo que más abunda son los alemanes, no sé exactamente la razón, pero fácilmente la mitad de los turistas son germanos. Lo que más se lleva es sin duda lo de coger fruta, es un estándar para subvencionar el viaje, especialmente en Australia. Apuesto a que le dices a un alemán de venirse a España a coger fruta y te manda a tomar por culo, pero si es por ahí no hay problema, y eso que nosotros les pagaríamos más.

Lo más famoso, el símbolo de Nueva Zelanda es el kiwi. Esos bichos existen porque no existía depredador alguno y se pudieron permitir el lujo de prescindir de las alas. Todo lleva la palabra kiwi, hasta ellos mismos se denominan kiwis, pero lo gracioso es que nunca veras uno, a lo sumo si vas al zoo. Yo hasta que no fui al zoo de San Diego, en California, no había visto uno en mi vida.

Una cosa que se lleva mucho en este país son las cosas de segunda mano, se ven muchas tiendas de ropa o cualquier cosa, pero lo que más los coches. En las ciudades hay infinidad de tiendas de coches y furgonetas de segunda mano. Algo típico es comprarse una furgoneta especialmente modificada con cama detrás para recorrerse la isla y luego revenderla, ya que el cambio de papeles al parecer es un proceso muy simple aquí.

¿Sabéis lo que entienden por autopista en Nueva Zelanda? Una carretera de doble sentido sin vallar y que en los puentes, que encima hay muchos, sólo un carril para ambos sentidos. De chiste. Mira, si haces un puente, por el mismo precio ponle dos carriles, que es más práctico que tener que estar esperando a que el que viene de frente pase. Lo bueno es que no les hace falta, porque en temporada alta pasa un coche cada minuto en hora punta, pero puede ser veinte minutos en otros momentos o ¡un par de horas! en invierno.

Hay que decir que la gente es muy maja, no tuve el menor de los problemas con ellos y siempre mostraron una tremenda hospitalidad. Se entiende porque están acostumbrados a la inmigración, porque ellos o sus pasados también lo fueron. Están orgullosísimos de su nueva tierra y siempre te contaran qué debes de visitar. Les encanta el rugby y el cricket, deporte que cualquiera diría que es bastante feo, y tienen una tremenda rivalidad con Australia, aunque no son correspondidos por los australianos que se preocupan más de ganarle a Inglaterra o a Pakistán si se trata de cricket.

 

jueves, 6 de marzo de 2008

Kangaroo Island

Hollywood 06/03/08

En mis deseos de huir de Adelaide, al final encontré la salida. El problema estaba en que sólo estaba allí para diez días y me pillaba por medio el Año Nuevo, por eso no podía irme demasiado lejos y en Australia todo está de hecho demasiado lejos. Me quedaban menos de cuatro días para irme y era ya de noche cuando conocí a mis compañeros de excursión, alguien mencionó la isla y yo salté y dije que nos fuéramos mañana. No estaba en sus planes, pero conseguí convencer a una hongkonesa y a un japonés para que se vinieran conmigo. A las 6 de la mañana arriba y cogemos un autobús, que cuando lleguemos ya veremos cómo nos las apañamos con el alojamiento y el transporte por la isla, cosa que ya de entrada no es fácil, porque la oferta es muy limitada. Al final nos las arreglamos para conseguir un coche alquilado, aunque tuvimos que hacer cien kilómetros extra para ir a buscarlo, y un agradable hostal donde se nos unió otro japonés al grupito. El día siguiente pareció más difícil lo del alojamiento, pero al final lo conseguimos.

Y aquí quiero mencionar uno de los pensamientos que siempre me vienen a la mente cuando quiero hacer algo: "conseguir hacer algo es tan sencillo como desearlo", esto es especialmente aplicable a viajar, sólo que hay que decidirse y moverse, aunque ello no quiere decir que cueste trabajo ni sea complicado, de hecho al final siempre sale todo aunque no tuvieras nada planeado. Sí, a muchos nos gustaría dar la vuelta al mundo, pero no se puede porque hay muchas cosas por medio, yo me las quité, porque tenía un deseo que cumplir. Si tienes un trabajo puedes dimitir o pedir una excedencia, tú verás qué te interesa más, cuánto quieres que tus sueños se hagan realidad, si tienes una familia, te la puedes llevar contigo, será una experiencia magnífica para todos. Pero, ¿por qué tiene que considerarse eso una locura? Para mí desperciciar la vida sin hacer lo que te gustaría, lo que te puede hacer feliz, eso es una locura. Trabajos puedes tener muchos, vidas según mis creencias, sólo una. En cualquier caso, hablo de viajar porque a mí me gusta, pero cuando hablo de sueños puede referirse a estudiar esa carrera que nunca estudiaste, declararse a la persona que nunca te atreviste o saltar en pelotas al campo en medio de un partido de fútbol si eso te hace feliz. Ya me estoy saliendo por la tangente, volvamos al tema de los canguros.

La primera atracción de la que disfrutamos fue el ver dar de comer a los pelícanos. No era ningún parque ni nada, sólo un hombre que todos los días va a las rocas con un cubo lleno de peces y monta un pequeño show a cambio de una propina. La verdad es que estuvo genial, esos bichos me gustan, son enormes, no me los esperaba tan grandes, y los ojos son graciosísimos, parecen de mentira, que los tengan pintados en la cabeza. Es increíble como pueden engullir el pescado que jurarías que se van a asfixiar, parece completamente imposible que esos trozos puedan pasar por un cuello que es la mitad de estrecho y no se atraganten. Imaginad lo que eran capaces de tragar que después alguno hasta ni podía volar. Además no tienen miedo a la gente y los tienes de ti alrededor sin problemas.

Lo segundo fue por la noche ir a ver un pequeño museo marino y los pingüinos. Los que tienen ahí no son como la imagen que tenemos del típico pingüino rey grandote y con una piel piel negra brillante, son una mierdecilla de color pardo, pequeñaja y súper frágiles. Les tienen que mimar porque cualquier cosa les mata, de hecho un gato se puede cargar como a trece en una noche, la luz les ciega y les tienen que construir casitas. Yo pienso, si no puedes sobrevivir en este mundo por ti mismo es tu problema, te jodes y te extingues.

El día siguiente fue bien intenso, primero los leones marinos de Seal Bay, decenas de ellos tirados en la playa y tú andando al lado, eso sí, después de haber pagado AU$13 y manteniendo las distancias.

Lo segundo, Little Sahara a surfear con una tabla por las dunas. Suena mucho más divertido de lo que es, porque es una completa parida, es arena, no nieve, por lo tanto ni resbala igual ni se pueden hacer tonterías, básicamente te tiras recto y a ver hasta donde llegas. Alquilar una tabla ¡¿cuatro horas?!, es imposible estar tanto rato subiendo las enormes dunas, costaba ¡¡AU$25!!. Nosotros la subarrentamos por AU$10 y cumplimos. Yo comprobé que la forma más divertida de bajar era dando volteretas, eso sí que estaba bien, porque con lo empinadas que eran, la inercia y la gravedad lo hacían todo y era casi imposible parar.

Después de una pequeña pausa en la playa para comernos el bocata de tortilla fuimos a ver a unos koalas. Esos bichos son lo más pasivo del mundo, vaya cosa más inerte. Yo me puse a escalar un poco los árboles y pude tocar a alguno, y los tíos por no moverse se dejaban.

La siguiene parada fueron las Remarkable Rocks, unos pedruscos de granito curiosamente erosionados. Me gustaron, se sacan buenas fotos. Este sitio tiene una particularidad, las moscas. Porque en Australia son las más pesadas del mundo, uno conoce a una mosca y gana un amigo inseparable para todo el viaje, incluso yendo en bici, cosa que comprobé, tienes siempre una mosca amiga que te acompaña. Aquí concretamente se llevan el Oscar a las más molestas; es fácil tener 30 en la camiseta, pero si te estás quieto pueden ser muchas más. Casi se puede decir que cuando te vas de allí, realmente no te vas, huyes.

Por último vimos otros leones marinos en unas formaciones rocosas y luego a hacer kilómetros de vuelta a casa antes de que anocheciera. No debes de conducir de noche a no ser que tengas un parachoques tipo "medaigualloquesemepongapordelantequeyosigomicaminosinparar", que son comunes por ahí, porque en cualquier momento te salta un wallaby, que es un bicho igual que el canguro pero más pequeño, y a seguir forrando de piel la carretera. Veríamos en total no menos de 30 marsupiales, pero no fue hasta el último día que vimos uno vivo. Y es que la deberían de llamar la Isla de los Canguros Muertos, que es lo que más abunda.

El último día hicimos lo más divertido e interesante, visitar el Paul's Place Wildlife, un sitio donde un hombre tiene un montón de animales de todo tipo y enredas con ellos, les das de comer o incluso puedes coger un canguro en brazos y darle el biberón. Las fotos y vídeos son geniales, dan envidia, pero aún no los he colgado. Tener una serpiente enorme por el cuello o que un emú comiera de mi cabeza fue de lo mejor. Como anécdota graciosa, Sofía, la taiwanesa, que le tiene miedo a todos los animales, fue perseguida por una oveja cual toro en dos ocasiones. La pobre estaba acojonada y la oveja, muy cabrona ella, se divertía a su costa disfrutando de hacérselo pasar mal a un humano. El grupo, unas 20 personas, nos descojonábamos, porque era realmente graciosa la situación, y después la pobre aún soltó alguna lágrima.

Lo más normal es cogerse un paquete para visitar la isla que haces prácticamente lo mismo que hicimos, de hecho teníamos un folleto e íbamos siguiendo más o menos lo que se hace en el tour. Nuevamente quedó demostrado que los paquetes siempre salen mucho más caros y hacerlo por tu cuenta es muy agradable y divertido. Los paquetes cuestan unos AU$460 y a nosotros, incluyendo absolutamente todo, nos salió por AU$320.

 

miércoles, 5 de marzo de 2008

Adelaide

Los Ángeles 05/03/08

Australia se divide en seis estados. Adelaide concretamente pertenece al estado de Suraustralia.

El motivo que me llevó allí fue la curiosidad de comprobar si era cierto algo que leí por Internet de que esa ciudad se encontraba en el top ten de las mejores ciudades para vivir del mundo. En muchas de esas clasificaciones figura Vancouver, y además en primera posición, lugar que también está en mi itinerario. En cualquier caso, siendo que es algo en gran parte cuestión de gustos, y sobre todo después de visitar Adelaide, puedo asegurar que ese tipo de listas no es referencia alguna, como mucho puede servir para hacerse una idea, aunque sólo aproximada, de lo segura que puede ser una ciudad. Puedo comprender que sea un sitio maravilloso para vivir, pero desde luego no para mí, no es mi estilo. Si te gusta vivir en un vecindario idílico, en una casita monísima con jardín y dos coches en la puerta, sin que nadie te moleste, porque ni si quiera verás un alma por la calle, y donde todo esté muy organizado y limpio, entonces es perfecto, pero si no, esa ciudad te parecerá lo que es, un auténtico coñazo. Es curioso como está hecha, se nota lo artificial que es, la estudiaron antes de hacerla de hecho, y lo dividieron en un núcleo urbano cuadriculado para los comercios rodeado de zona verde y después toda la inmensa área residencial. Siendo más de 1,1 millones de personas es sorprendente que no existen los atascos, pero es comprensible cuando te das cuenta de que tampoco hay gente por la calle, es una lástima. Otro factor que consideraría importante en cuanto a calidad de vida es sin duda las féminas que te encuentres por la calle, y en esto si que no tiene nada que hacer conmigo, porque responden al prototipo inglés, y especialmente los fines de semana ves lo peor que te puede ofreer, gordas con microfaldas, pálidas, mal pintadas, borrachas y con cara demacrada. No me enrollo más porque no merece la pena.

Cosas que me chocaron nada más llegar fueron por ejemplo, que hacía un calor infernal, claro que ahí era verano, y de hecho el día más caluroso para mí del año pasado fue el de Nochevieja, o los precios, que después de venir de Asia también eran impactantes, con AU$6, 3,6€, puedes comprar dos Redbull en una tienda o una hora de Internet, he de decir que España en la muchas cosas es incluso más cara. El que las cosas estuvieran escritas con caracteres no cifrados que podía leer, incluso entender, y que ya nadie me hablara usando un incomprensible lenguaje, fue volver a la Tierra depués de viajar por otros mundos, sentía que ya no tenía barreras de ningún tipo.

La bienvenida a Australia fue lo peor. Aviso para los que pretendan ir que son muy extrictos en la aduana y excepto ropa, prácticamente no está permitido traer nada, especialmente comida y cosas de madera. A mi me retuvieron como una hora y media, me interrogaron tres veces y luego me abrieron todo el equipaje. Encontraron mis preciados y baratos mecheros con linterna y me requisaron todos menos cinco (tenía unos 25 solamente), porque hay una ley que ocupa hoja y media donde explica que no se pueden traer a Australia más de ese número. No es que no se puedan tener, es como digo, que no se pueden traer sin un permiso de no sé quien. Eso me molestó bastante, esos mecheros son más prácticos viajando que la mochila.

Lo bueno que tuvo, lo único diría, es que por lo menos puede salir bastante barato. El alojamiento costaba AU$14, 9€, que en comparación con Asia es un montón, pero es lo más barato que he pagado desde entonces. Un día podía salir realmente económico si aprovechabas todas las ofertas. Primero el desayuno estaba incluído, luego con el bus circular que es libre vas a cogerte una bici gratis que promueve el ayuntamiento, te vas a la biblioteca a chupar Internet por el morro y de paso te rellenas el botellín con agua fresquita, luego al museo a culturizarte gratuitamente, también puedes visitar el museo de inmigración o el estadio por el mismo precio, cuando dejas la bici les pides que te den un botellín de agua que tienen muchos, para no cansarte, de vuelta te coges el tranvía, aunque sea por 200m, porque en el centro es gratis y al llegar te tomas la tarta de manzana que reparten a las ocho en el hostal. Después de un largo día de actividades es recomendable verse una peli de la selección que tienen en recepción tumbado en el sofá, para eso tienes que pagar AU$20, ...pero luego te los devuelven.

Lo único destacable, aunque para mal, fue la Nochevieja. ¿Qué pensarías si te dicen que vas a pasar la que se supone que es la mejor noche del año por defecto en la playa, en el extranjero y que esperan medio millón de personas? Yo pensaría, como pensé, que iba a ser una de las mejores noches de mi vida. Pero cuán equivocado estaba, porque resultó ser precisamente la noche más aburrida de todas las que he salido, que no son pocas. No había medio millón, eso es cierto, pero tampoco me hacía falta y si que habría 100000, que ya estaba bien. Ahí no estaba el problema, estaba principalmente en que ¡no se podía beber!, pero ¡Dios, que es Nochevieja! Nada más bajarnos del tranvía perdimos a uno, ¿dónde estaba?, unos amables policías le estaban felicitando el Año Nuevo con una multa de AU$160 por llevar dos cervezas. La presencia policial era ubicúa y por lo tanto consiguieron que en efecto nadie bebiera. Al llegar a la playa se veían familias con las sillas de camping y los niños y grupos de gente sentados con, a lo sumo, una botella de agua en el centro y sin saber muy bien qué hacer e incluso algunos sin hablar. Ni siquiera había algo de música para amenizar ni ningún tipo de actuación. Dieron las doce y sin avisar lanzaron cuatro fuegos artificiales de mierda y la mayor parte de la gente se comenzó a ir. Aún se quedaron algunos por los bares, que no ofrencian, por lo que comprobé, ningún ambiente festivo especial e incluso se notaba que la gente no estaba de lo más alegre y social. Intenté buscar la fiesta por ahí y por la ciudad, pero resignado me acabé yendo a dormir hacia las 3 después de haber visto más peleas, o restos de ellas, que ninguna otra noche de mi vida. Personalmente, la restricción de alcohol también me alteraba la sangre, pero no lo demostré al estilo inglés que acostumbran allí.

Quizás lo más emocionante que me pasó allí fue que se me acabara el diario.

 

miércoles, 27 de febrero de 2008

Aún no he visto Alcatraz, pero casi

San Francisco 26/02/08

Quizás se podría decir que la historia que viene a continuación empezó con el mensaje de una galleta de la comida china que ordené para comer: "Vas a ser el centro de atención". Casualmente venían dos, la otra decía: "Recibirás una gran cantidad de dinero de una fuente inesperada". Sin ser supersticioso, no reparé en absoluto en ellas, quizás debería cambiar mis ideas al respecto.

Siendo sábado me apetecía algo de fiesta, para lo cual me alié con un ruso con un carácter muy afín al mío, es decir, un tipo muy majo, y procedimos a beber algo antes de salir. Compramos una botella de 375ml de Jim Bean a medias, aunque al parecer la repartición no fue muy equitativa, porque ya en la calle, Víctor, que es su nombre, mostraba estar más alegre que de normal, mientras yo no experimentaba ninguna sensación fuera de lo común; aunque la sensación del alcohol también es común, se entiende lo que digo.

La noche empezó bien, casi sin darnos cuenta acabamos en un local de striptease, que he de decir que fue muy entretenido, barato (gratis y no consumimos) y agradable (cómo no, con tías en pelotas por ahí). Después de un rato salimos de allí sabiendo que ésa iba a ser una buena noche; aún no sabíamos lo que nos esperaba.

Eran las 12:30 de la noche cuando intentamos entrar a un garito y nos rechazaron porque yo no tenía identificación, que por aquí la piden siempre, y mi compañero llevaba pantalones militares. Siendo que había multitud de sitios adonde ir y que acabábamos de empezar a recorrer la calle, no nos preocupó en absoluto, así que continuamos tranquilamente nuestro camino. Habíamos andado dos pasos desde la puerta cuando, espontáneamente sin explicación alguna, un grupo de 6-8 policías se abalanzaron sobre Víctor. Aunque es una persona inteligente, quizás no actuó de la forma más sensata y se intentó resistir ante ese repentino ataque cuanto pudo, mientras yo todavía sin nadie que me acosara no le deja de gritar que se estuviera quieto, que no habíamos hecho nada y que todo iría bien, que se calmara, pero no me hacía ningún caso. Después de que lo zarandearan un poco y finalmente lo consiguieran esposar, antes de que yo tuviera tiempo a reaccionar y saber qué estaba pasando, estando completamente quieto y atónito, un policía me agarró y me lanzó de morros contra el suelo. Yo no dejaba de decir, que no iba a hacer nada, que estaba tranquilo, que no me resistía, pero el comportamiento del policía era el mismo que debe proceder para el más peligroso de los criminales, gritando "¡no te resistas!" con pose heroica, como intentando hacer ver a todo el mundo que estaba salvando la ciudad de un peligro en potencia. Lo cual resultaba gracioso siendo que antes que él yo ya decía que no me resistía; mi pensamiento era "pero, joder, si no me estoy resistiendo en absoluto, ¡¿qué cojones quieres que haga?!". Retorciéndome los brazos, con la rodilla incada en mi espalda, me puso las esposas. En un momento descubrieron la lata que llevaba en el bolsillo trasero y la hicieron estallar contra el suelo en un gesto muy macho, dándole un toque aún más violento a la escena. La gente que estaba en la cola de la entrada estaba alucinando tanto como nosotros, nos grababan con el móvil y me miraban sonriendo con complicidad en gesto de comprensión.

Mientras me conducían hacia el coche, con la tranquilidad de saber que no había hecho nada, me di cuenta de lo que me estaban haciendo, darme un regalo enorme, una de las mejores anécdotas de mi viaje, lo cual me hizo sonreír, pero la incredulidad por lo absurdo de la situación, hizo que esa sonrisa se convirtiera en carcajada pura. El ver a la gente atónita que con la mirada me decían que me entendían, que eso era tan estúpido como parecía, pensar que no soy más que un simple turista españolito que pasaba por ahí y que no había ofrecido resistencia alguna y que a pesar de eso los policías se tomaban la situación como luchando contra un grupo terrorista, sólo hacía que incrementar mi carcajada. Por otra parte disfruto desconcertando de esa manera, cuando más lógico sería quizás echarse a llorar, pero con eso no gano nada y reírme me parece más positivo.

Pregunté que por qué era todo eso y me respondieron que por ir borracho, cosa bastante inverosímil, porque ni si quiera habían tenido tiempo de comprobarlo ni me habían prestado atención alguna. Otros dedujeron directamente de mi risa que estaba colocado y entre ellos lo confirmaban asintiendo al que lo había sugerido, ya sabéis, con ese estilo imbécil americano. Me preguntaron evidentemente que qué había bebido y qué drogas había tomado. Siendo que no me encontraba borracho y me acusaban de ello, les pedí que me hicieran un test de aliento o de sangre, pero me respondieron ¡que no tenían nada para hacer eso!, les sugerí una prueba física de esas que todos hemos visto por la tele que hacen por aquí, pero también me la negaron; yo estaba borracho y punto, merezco dormir entre rejas. Me metieron en el coche de policía y como no estaba muy cómodo al tener las manos esposadas por detrás, me las pasé delante por debajo de las piernas. Cuando se dieron cuenta de que las tenía delante, me sacaron del coche, me las quitaron, y con un movimiento de academia me retorcieron la muñeca para volvérmelas a poner por detrás mientras yo evidentemente me quejaba del dolor e insistía en que no era necesario apretar tanto. El semblante y actitud de los policías seguía siendo el mismo, seriedad, después de todo están haciendo un trabajo extremadamente peligroso arrestándome, y pura bordería, sin dejarme preguntar ni decir nada, respondiéndome con cosas del tipo "cállate si no quieres tener problemas", "no me hagas repetirlo" y cosas por el estilo nada amistosas; eso fue constante en todo momento de la noche y con todos los policías. No tenía derecho de preguntar, de hablar, de saber ni de nada. Ni siquiera me dijeron que derechos tenía, a pesar de que lo pregunté.

Nos metieron en una furgoneta, pero en compartimentos separados y al rato nos llevaron al centro de detención, es decir, la cárcel, que no la comisaría. Podrían haber tenido el de talle de llevarnos a Alcatraz, que está aquí, y así de paso hacíamos turismo y le habría dado un punto más a la anécdota. Allí nos dejaron dentro de la furgoneta cerca de una hora, completamente desatendidos y con las esposas demasiado apretadas.

Después comenzó el proceso de ingreso. Volví a ver mi cartera que alguien se había quedado todo ese tiempo, pero sólo verla, porque evidentemente me despojaron de ella y de todas mis pertenencias, incluyendo, pulseras, collar, cinturón y zapatos, aunque ni si quiera tenían cordones. Nos hicieron quitarnos los calcetines y volvérnoslos a poner y por supuesto nos pasaron el detector de metales y nos registraron todos los bolsillos. Nos hicieron una foto con un cartelito, en la que salí con una descarada sonrisa, pero no fue la típica de la regla detrás y de perfil. Nos hicieron unas preguntas rutinarias, incluyendo si me quería suicidar, nos tomaron las huellas y al trullo.

A Víctor ya no lo volví a ver, nos pusieron en celdas separadas. Me tocó entre otros con un tipo que estaba ahí por la misma razón y de la misma manera, pero aun más gracioso, porque él ni siquiera bebe. A él tampoco le hicieron ningún tipo de test lógicamente. Estuvimos hablando todo el rato y así se pasó la cosa medio bien. Entre muchas otras cosas me comentó que de eso podíamos sacar una compensación de $6000, que hace referencia a la segunda frase de la galleta china. En efecto hay una cosa que se llama "small claim" que es un sistema rápido de reclamación hasta $7500, pero desgraciadamente hoy hemos estado buscando la forma de reclamar y para nuestro asunto está difícil porque no nos imputaron cargos y eso quiere decir que no hay ningún caso ni archivo que vaya con nosotros, y he llamado a bastantes sitios e incluso a la embajada, que, aunque muy agradables, no ven claramente la forma de ayudar.

En ningún momento sabíamos qué hora era ni cuánto nos quedaba por estar allí, aunque nos dijeron cuatro horas, pero el preguntar era absurdo, porque las respuestas eran completamente hostiles. En un momento mi compañero de celda, el que no bebe, preguntó si podía irse ya y la respuesta fue que si aún estaba allí era porque aún estaba borracho. Sin comentarios. Eran todos completamente estúpidos e irracionales.

Como es de suponer, el desayuno de este tipo de alojamiento no es excelente. Debo de remarcar el zumo de 118ml, que da para un sorbo y medio como mucho, y la mantequilla de cacahuete untada en un papel, a la cual mucha gente había hecho asco a decir por las manchas y los papeles del techo.

Pasadas las 5:30 nos soltaron a la vez a mi nuevo a migo y a mí, después de hacernos una de las preguntas más estúpidas posibles, que si estábamos listos para irnos a casa, "no por favor, aún somos un peligro para la sociedad, déjanos aquí", pensaba irónicamente. Nos metieron en una habitación, nos llamaron uno a uno, nos dieron nuestras pertenencias en una bolsa que no debíamos abrir hasta salir de allí, huella, firma y nos hicieron pasar a otra habitación. Se abrió una puerta, pasamos, se cerró y se abrió la siguiente. Ya éramos libres.

Empezamos a registrar nuestras bolsas poniéndonos los zapatos, las pulseras... Y me di cuenta de que me faltaban tres de mis preciadas pulseras que había conseguido en tres de los países en los que he estado durante este viaje. Volví por el pasillo, ya que en el hall donde estaba no había nadie, y pregunté por ellas en el tono más cordial y humilde que pude incluso sobreactuando para dar lástima. Me dijeron que todo estaba en la bolsa y que ellos no tenían nada. Le expliqué cuanto significaban para mí y que si no estaban allí, sólo podían estar arrojadas en la puerta donde me las quitaron. Añadir que cuando me iban a quitar dos de ellas les aclaré que estaban pegadas y que no se podían sacar, pero no les costó arrancármelas. Me contestó que no había forma de que yo pudiera ir allí. Les sugerí que si yo no podía, que alguien me hiciera el tremendo favor de ir a buscarlas, a lo cual me respondió que aunque me las hubiera regalado el rey, la reina o el mismo Dios, no había forma de que las pudiera recuperar. "¿Quiere eso decir que las he perdido definitivamente?, pregunté. "Sí, welcome to San Francisco.", me respondió el muy hijo de puta. Me da pena pensar que estaban simplemente tiradas ahí en el suelo y que no le hubiera costado nada recuperarlas. Luego tuve que volver para preguntarle dónde estábamos, porque no tenía ni idea, y cómo ir a casa. Me lo dijo y me avisó de que era peligroso andar a esas horas por allí. No les supuso ningún problema traerme ahí sin motivo, pero desde luego aunque mi vida corriera peligro no se iban a molestar en llevarme de vuelta. Me puse la gorra, la capucha del abrigo por encima y con aire vacilón contoneándome como un tipo duro, con el pensamiento de que acababa de salir de prisión, me fui a casa. No me encontré con mucha gente por el camino, pero los malotes con los que me crucé me saludaban con compañerismo al pasar con el clásico "hey man!" y cosas así. Realmente parecía un mal tipo.

Víctor fue al hospital, porque la estuvo montando en la celda y le preguntaron si quería ir. Una vez allí, le midieron la tensión y lo dejaron con el cacharro ese puesto hasta que se cansó, se lo quitó y lo tiró al suelo. Luego se puso a andar hasta que los policías lo vieron y le dijeron que si no quería su ayuda que se fuera a casa. El cabrón llegó hacia las cinco, mientras que yo portándome como un angelito llegué a las seis y media. Eso sí, el lleva regalo en la cara y en las muñecas.

Tengo mis conjeturas de a qué se debió todo esto, no sé si sería por cumplir una cuota de detenciones, por cumplir con algún número de algo, porque resulta más fácil meterse con gente así que con otros más peligrosos y así tienen la excusa de estar muy ocupados como para hacer otras cosas o quizás intentan impresionar delante de toda la gente, dar ejemplo y avisar de que nadie se pase. En cualquier caso delata la mierda de policía que tienen en los EE.UU.. El que lleva las investigaciones del abuso policial y esas cosas me ha contado que en esa calle todos los fines de semana detienen a muchas personas, pero casualmente no cuando él va con ellos para observar su trabajo.

A día de hoy ya he mirado el tema de la reclamación y de momento ya hemos puesto una queja que acabará en una investigación para echar reprimendas. Lo de una compensación al final será nada y encima sólo cuentan las cosas que te hayan roto o perdido. Por lo menos he incluído que me rompieron la cámara. El que te den por culo no te lo compensan de ninguna manera. La tocada de pelotas tamaño familiar les sale gratis.

¡¡Welcome to América!!

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